Tu voz penetró en los silencios
del alma que te adoraba,
fui feliz al escuchar tu risa,
y sintiendo la fuerza del amor
ese día te di mis lagrimas primeras.
Dijimos tantas cosas esa vez
que ahora están en el pasado.
Te amo dijiste y lo sentí y creí
y mi ser se llenó de ilusión.
Hicimos un nido con las palabras
que tristemente se llevó el olvido.
Por tantas cosas que nos unió
sigo aqui soñandote aun
y escribiendo esta historia
que hoy tiene su final
porque solo tengo tu recuerdo.
No se donde estas ni con quien,
tal vez en otros brazos que te aman
o diciendo lo mismo que dijiste ayer.
No se. Ya no me importa. Adiós.
Sandra Figueroa
2004

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