La tarde se muere mientras me abrazo
en recuerdos dolorosos, sollozo y suspiro.
Un cable de luz doblado a la mitad
en la amenazadora mano de mi padre
hizo que me doblara de intenso dolor
y gritara desesperadamente a mi madre,
sentí la carne abrirse, la sangre fluir
por la parte trasera de mis débiles rodillas,
corrí temblorosa y caí de rodillas a la tierra
y el cable de luz en la mano de mi padre
me azotó de nuevo en los chamorros sangrantes,
me levanté y volví a caer y de nuevo fui golpeada
en la misma herida abierta que sangraba
y llegué hasta donde mi madre estaba,
callada me miró, me arrodillé ante ella
y metí desesperada las manos a la tina
donde ella lavaba las tazas y los platos,
mi padre se quedó en la puerta de la cocina
cable en mano, echando chispas por los ojos,
furioso conmigo, amenzandome con la mirada.
¡No recuerdo que hice para desatar su ira!
¡Por Dios que no lo se! ¡Solo tenia 10 años!
No se cuanto tiempo pasó después
pero tenia 10 años y sangraban mis heridas,
me dolía el cuerpo y mi pequeña alma.
Mi madre curó las heridas, siempre callada,
nunca decía nada, y las heridas sanaron.
Los años pasaron, pero juro que al recordar
tiemblan mis rodillas y mi pobre alma llora,
y aunque han pasado los años desde esa tarde
aun me duele, aunque las cicatrices se borraron
en mi ese recuerdo será imborrable.
Sollozo y suspiro abrazada a este recuerdo.
¡Recuerdos dolorosos de mi niñez sin amor!
Sandra Figueroa
2006
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