Te arrastraste pidiendo una ilusión
que sabias no tendrías.
Te despreciaron por necia y aun así
confesaste lo que quemaba tu alma
sin imaginar que tras la ventana
se reían de tu pobre y tonto corazón.
Te arrastraste suplicando y ni así
te dieron un minuto de tiempo.
Lloraste y abriendo tu corazón
confesaste lo que debías callar
y ahora ahí estas a oscuras
sola y con el alma llena de amargura.
Sandra Figueroa
2008

No hay comentarios:
Publicar un comentario