esperando ansiosa tu llegada
y una tarde me di cuenta
que al fin Dios me iluminaba.
Te esperé 8 meses más,
Mas que feliz desesperada,
contando los días que faltaban
para tu feliz llegada.
Y una mañana perfumada
como beso divino llegaste a mis brazos,
te acuné entre ellos amorosa,
al fin habías llegado.
Te colmé de besos y caricias,
te miré largo tiempo embelesada,
te abrasé fuerte contra mi
y lloré, lloré emocionada.
Tú llegaste a mis brazos
como bendición divina.
Te amaré siempre,
hasta el fin de mi vida.
Sandra Figueroa
1987
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