¡Fuiste una luz que iluminaba la oscuridad!
¡Fuiste ángel,
que tendió su mano para salvarme
y no hundirme en la tristeza!
¡Un río silencioso,
en el cual se quiso ahogar el alma!
¡Fuiste poema,
que cantaba enamorándome
para alejar al fantasma que tortura!
¡Y fui valiente al empezar otro cuento!
Sandra Figueroa
2006

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