Nunca sabrás de la amargura
que embarga mi ser al recordarte!
¡Fuiste veneno letal en mi vida,
que disfrazado de dulzura me bebí
como sedienta en el desierto!
¡Te necesitaba, moría lentamente,
creí que eras el agua bendita
que purificaría mi alma herida!
¡Bebí tu cáliz hasta la ultima gota!
¡De un solo sorbo me envenenaste!
¡Creí, creí y caí en tu vicio perverso!
¡Ahora aquí estoy, muerta en vida
porque el antídoto surtió efecto,
y nunca lo sabrás ...........!
Sandra Figueroa
2002

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