¡Tú eras la luz blanca
que iluminaba mi alma!
Te amé, es muy cierto,
y no me arrepiento,
pero al amarte mi amor:
¿Acaso te ofendí?
¡Yo que te ofrecí entero
mi corazón tierno
y tu lo despreciaste!
¿Acaso te ofendí?
¡Amor mío, tu has ofendido
a esta pobre mujer
que supo amarte
pero un día pagaras
lo que me hiciste!
¡Tenlo muy presente
mi querido verdugo,
tendrás tu castigo!
¡Solo una cosa te digo
y que quede claro,
cuando estés con ella
no podrás besarla
como tu me besaste a mi!
¡Ese será tu castigo
mi querido verdugo
por haber mentido
a esta triste mujer
que tanto te amó!
Sandra Figueroa
2001

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