He esperado inutilmente la llegada
que dando tu palabra me prometiste,
en un hermoso atardecer de madrugada
de cálidos vientos sobre alma triste.
Llenando de luces multicolores la sombra
donde está el alma encadenada,
desde donde a gritos desquiciados te nombra
esperé locamente enamorada.
Y te esperé y esperé inutilmente
que tu palabra de hombre la cumplieras,
y regresaras y me hablaras francamente
de lo que un vez sincero me dijeras.
Ahora estoy sola y en negra oscuridad,
sin tu voz, sin tu amor, sin tu latido,
espero regreses y me digas la verdad
del porqué en realidad no has venido.
Todos estos años esperé inutilmente
sin hacerle caso a la clara razón
que dice sin lugar a dudas que simplemente
nunca fue sincero tu mentiroso corazón.
Sandra Figueroa
2005

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