El reloj marca las tres de la mañana,
no duermo, mi alma cavila en silencio.
¿Eres tu quien dice que cuidará de mi
cuando sea anciana? Visualizo el día,
y créeme que un escalofrió recorre mi piel
al imaginar lo que será mi triste suerte
si Dios me da la dicha de vivir muchos años,
y tengas que hacerte cargo de mi persona.
Cierro los ojos anegados en llanto pensando
que no quiero ser un estorbo en tu vida,
y pido a Dios fuerzas para no necesitar de ti
si me otorga la alegría de vivir ese mañana.
Sandra Figueroa
2011
2011

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