¡Nunca supiste comprenderme,
creíste lo que por fuera veías,
pero dentro, muy dentro de mi,
te guardaba un cariño sincero,
tan puro como la nieve,
como el agua que corre en la montaña,
un cariño tan puro como Dios,
y no supiste adentrar en mi alma,
y descubrirlo!
Sandra Figueroa
1998
1998

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