Sucio y destripado,
en un rincón olvidado
el oso blanco esperaba
el momento que soñaba.
Llegaron sus manitas
tiernas y suavecitas
acarició su nariz
y lo cargó feliz
lo abrazó satisfecho
juntito a su pecho
niño y oso lloraron
al fin se encontraron.
Ya limpio y amado
en la cama sentado
luce bello y hermoso
aquel destripado oso
que recibió del niño
tan inmenso cariño.
Sandra Figueroa
2010

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