Un alma perversa se reía de un niño hermoso,
que ávido de conocer la pasión ardiente
se agitaba dentro de un cuerpo musculoso.
Un niño ansioso de aventuras y placeres,
que aprovechando bien el momento preciso,
gozó intensamente al sentir entre sus manos,
un cuerpo tentador y malicioso, que alberga
un alma vil y perversa llena de amargura.
Un niño alocado aprendiendo a vivir
experimento al tocar, encenderse la llama
del placer prohibido a su corta existencia.
Si, un niño, que un alma endemoniada
provocó y enseñó lo que es una mujer.
Sandra Figueroa
2001

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