Sus ojitos pispiretos sonrieron
cuando me vió tas el cristal,
manoteaba llamando mi atención,
nos miramos, y ella seguía sonriendo
como si supiera quien era yo,
pidiendo con la mirada mis brazos,
mi corazón gritaba: ¡abrázala!
la razón dijo: no es el momento,
y pudo mas la razón que mi corazón
que agitado gritaba: ¡abrázala!
¡la sangre te llama! ¡acaríciala!
y no pude, mi alma se desangraba.
Tras la ventanilla del auto
mi corazón lloró resignado a conservar
este recuerdo en la memoria.
El tiempo dirá si volveremos
a encontrarnos y podré abrazarla
contra mi corazón que sufre y sufrirá
hasta ese día que la vida vuelva a reunirnos.
Sandra Figueroa
2019

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