Te dejo esas alas inquietas que te regalé
para que las extiendas el día de mi muerte
y vueles lejos de mi cadáver maloliente
que podrido reclama la tierra abierta,
aléjate rápido, indiferente al grito
que mi alma recién liberada exhala
para decirte que siempre estaré contigo
bajo esas alas inquietas que te regalé.
Sandra Figueroa
2005

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