Muy temprano conociste placeres de amor,
las rosas se abrían a la luz de la mañana
y ya tus virginales labios se quemaban
con besos de fuego vivo y creíste era amor,
y abriste los labios bebiendo desesperada
el fuego ardiente de la pasión primera.
Despertó la mujer en tu cuerpo de niña
imponiéndose ante prejuicios morales,
entregándose al placer de las caricias
llevándote pronto a la perdición
y embrutecida brindaste tu pureza
al primero que cruzó por tu sendero.
Seguiste caminando por esa senda,
sintiendo el alma marchitarse cada día
pero no le prestaste atención alguna,
y mirándote al espejo joven y hermosa
seguiste por la vía de la perdición.
Ahora meces con rebeldía al hijo
que hoy llora entre tus frágiles brazos
exigiendo atención, alimento, y amor.
Lloras desesperada clamando libertad
para seguir por el mismo rumbo del vicio.
¡Te crees sabia a escasos diez y siete años!
Sandra Figueroa
2011
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